La multitud esperaba un mesías rey que le ofreciese una vida confortable, segura; en cambio, Jesús muestra que no viene a satisfacer las necesidades materiales, sino a ofrecerse a sí mismo para que la humanidad tenga Vida. La multitud aguardaba, también, un proyecto humano de triunfo y de gloria; Jesús, en cambio, propone la espiritualidad del grano de trigo que cae en la tierra y muere, y así da abundante fruto. A dicha multitud le falta una fe auténtica, una fe que, reconociendo a Jesús en su condición de enviado de Dios, le permita aceptar que sus palabras «son espíritu y vida» (Jn 6,63).
En el libro que tienes en tus manos se te ofrecen Palabras que te dan Vida para que, a su vez, des Vida allí donde te encuentres. No faltaran quienes hagan suya la confesión de Pedro. No olvido el testimonio de santa Teresa de Calcuta, ante la pregunta de un periodista acerca de ¿quién era Jesús para ella? Le respondió que, al estilo de Jesús, se sentía llamada a dar Vida a los pobres, cautivos, ciegos, oprimidos…, porque previamente de Jesús recibía esa misma Vida que entregaba; y, en definitiva, le decía «Jesús es mi todo».






Valoraciones
No hay valoraciones aún.